Ser mujer en el Opus Dei – Isabel De Armas

Recuerdo que cuando con todo el interés, desenfado y espontaneidad de tus dieciocho años, me pediste que te contara de mi experiencia del mundo interno de las asociadas numerarias del Opus Dei -que yo viví desde el año 1966 hasta finales de 1974-, lo primero que me vino a la cabeza fue una cita de Arthur Koestler: “Tengo una memoria estupenda para olvidar”. Además, después de tanto tiempo, una amplia proporción de mis recuerdos se parecía ya a los posos de una copa de vino, es decir, a sedimentos deshidratados de experiencias cuyo saber ha desaparecido. Tú no veías así las cosas, e insististe en tus indagaciones con un montón de cartas -repletas de preguntas- que me fuiste escribiendo a lo largo de un año: “¿Por qué te vinculaste a la Obra y por qué te desvinculaste? ¿La vida colectiva favorece la espiritualidad? ¿Es cierto que las mujeres son allí consideradas como “ciudadanas de segunda”? ¿Por qué para los asociados el Padre y Fundador es como Dios? ¿El acaparamiento total de la persona, es compatible con la libertad? ¿La dependencia absoluta de los directores, no es un dirigismo?Lo que realmente me movió a responder a tu casi infinito cuestionario fue el captar que tu interés respondía a que te estabas planteando enrolarte en la institución. Entonces, al notar que lo tuyo no era pura y simple curiosidad, me esforcé por recordar, y he podido constatar que todo ha ido dejando huellas en mí; en mi memoria y en mi interior. Todo, cada acontecimiento salpica o mancha, pero ocurre que, a veces, pasa mucho tiempo antes de darte cuenta de que tal o cual episodio te ha marcado profundamente. Es como si el recuerdo se congelara en algún lugar de uno mismo y, de pronto, por algún mecanismo de asociación, apareciera ante tus propios ojos con toda su intensidad.

Formato:  pdf Comprimido:  Sí Peso:  1.3 MB Lenguaje:  Español

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