El lazarillo de ciegos caminantes – Alonso Carrió de la Vandera [MultiFormato]

Desde Buenos Aires hasta Lima.

El lazarillo de ciegos caminantes es un libro de viajes, género muy frecuente en el siglo XVIII y que produjo abundantes obras descriptivas de las poblaciones y la geografía de América española. Empero, indica el literato Antonio Lorente Medina, un rasgo peculiar de El lazarillo… es el empleo del lenguaje literario, particularmente los recursos de la novela picaresca, tales como el humorismo satírico, las anécdotas, los refranes, etc. El mismo título de la obra se distingue de otros relatos más asépticos de la época titulados Viajes, Relación de viajes, Historia de Viajes, etc. No obstante, lo central en el libro es la descripción realista de la sociedad, a la cual se subordina el arte literario. En El lazarillo…, Carrió defendió a los españoles, criticando las acusaciones que se les hacía de maltratar y/o esclavizar a los indígenas. Con respecto a los criollos, los defendió de las acusaciones formuladas sobre ellos en Europa, pero por otro lado reconoció su rivalidad con los peninsulares. Con respecto a los otros grupos raciales de América, consideró a los indígenas como holgazanes, idólatras y viciosos; aunque los estimó como inteligentes e inclinados a las artes y a las ciencias, además de resistentes al sacrificio y la obediencia. Con respecto a los negros y a las otras castas, vio en ellos el nivel más bajo de la vida social, y se refirió poco a ellos, destacando su «barbarie y grosería».

Carrió ofrece en el relato de El lazarillo abundante información sobre su siglo. En lo referente a su oficio, explica la importancia del comercio de mulas en América del Sur, con los costos respectivos de las rutas y las distancias de las localidades respecto a los principales pueblos y ciudades. Nuestro personaje describe los más importantes centros urbanos (Montevideo, Buenos Aires, Cusco, Lima, etc); el significado de los topónimos; las comidas regionales; las vestimentas; las enfermedades comunes; los juegos y diversiones (corridas de toros, serenatas, juegos, carnavales); el bilingüismo castellano/quechua y castellano/aymara; las dificultades de la evangelización de los nativos, etc.

Esta edición digital se ha realizado a partir de la que figura en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (2001), que parte de la publicación de Ediciones Argentinas Solar, Buenos Aires, 1942. Se han recuperado algunas características de la edición original al objeto de enriquecer la edición, como diseño de tablas, letras capital, títulos de apartados, etc.

Sobre el Autor:

ALONSO CARRIÓ DE LA VANDERA (Gijón, 1715​—Lima, 1783), político y escritor español nacido en España en la localidad de Gijón, Asturias, en 1715. Formó parte del movimiento migratorio peninsular a América de la segunda mitad del siglo XVIII, en el cual se dio predominio de los individuos provenientes del norte de España. Sus padres fueron Justo Carrió y Doña Teresa Carreño Argüelles, miembros de la nobleza menor de Asturias.

Carrió llegó a Nueva España (México) en el año 1736, y allí se dedicó al comercio de efectos de Castilla y probablemente también al de metales preciosos, llegando a residir cinco años en la capital. Además, visitó Guatemala, Puerto Rico y Santo Domingo; pero en 1746 se trasladó a la ciudad de Lima. Un hermano de Carrió, llamado José, que quizá llegó con él y se dedicó al comercio, vivía agobiado por las deudas, según indica el testamento de nuestro personaje.

En 1750, a semejanza de otros inmigrantes peninsulares de la época que buscaban insertarse en la elite limeña, contrajo matrimonio con una criolla, Petronila Matute y Melgarejo. Era hija de Don Pablo Matute de Vargas y Doña Mauricia Cano Melgarejo, pareja adinerada e influyente. Los Matute poseían cargos hereditarios en el Cabildo y en la Casa de moneda de Lima y mantenían relaciones estrechas con prelados y altos funcionarios. El año 1752, Carrió obtuvo el cargo de Corregidor de Chilques y Masques, Cuzco, al renunciar al mismo un pariente de su mujer; y también fue corregidor en Ayacucho y Apurímac. Adicionalmente, sus negocios se extendieron hasta Charcas y Chile.

Hacia 1762, con motivo de la guerra anglo-española, Carrió se alistó en el regimiento de nobles formado por el virrey Amat para la defensa de la costa peruana, y en el año 1767 sirvió a la corona acompañando a Europa a los jesuitas desterrados del Perú, ocasión que aprovechó para solicitar nuevas mercedes. Así, en 1771 fue nombrado segundo comisionado para el arreglo de correos y ajuste de postas entre Montevideo, Buenos Aires y Lima. Luego se embarcó con destino al Río de la Plata. La travesía motivó su obra Extracto del viage que hizo la fragata el Tucumán, Correo de S. M. desde la Bahía de la Coruña hasta el puerto de Montevideo.

La labor de Carrió como comisionado de postas inspiró la obra que le ha dado fama en la literatura colonial: El lazarillo de ciegos caminantes, (1776). En ella se señala como autor a Don Calixto Bustamante Carlos Inca, y se indica que dicho personaje la escribió a partir de las memorias de un viaje en el cual acompañó a Carrió. Luego de numerosas polémicas, hoy se sabe que el autor fue en verdad nuestro personaje. Para evitar un enfrentamiento directo con la Administración de Correos, a la cual criticaba veladamente en la obra, Carrió ocultó no sólo su autoría atribuyéndola a su amanuense, sino que también falseó los lugares de edición e imprenta.

En 1777, Carrió publicó un Manifiesto, en el que atacó duramente al Administrador General de Correos, José Antonio de Pando, y ello le condujo a una prisión temporal y al embargo de sus bienes, acusado de escribir sin licencia y de difamar a su superior. El fiscal lo declaró inocente, pero desde Madrid se dispuso su jubilación. No obstante, Carrió escribió posteriormente un manuscrito sin título que ha sido denominado por los historiadores Reforma del Perú, Reforma económica del Perú o Plan de Gobierno del Perú, fechado en 1782. El destacado historiador Pablo Macera considera que la obra ofrece una aproximación a la mentalidad de la elite de Lima luego de la rebelión de Tupac Amaru II: la elite limeña, temerosa de nuevas sublevaciones, habría sido partidaria de un mejoramiento del sistema colonial. Carrió, afirma Macera, justificó la conquista española y admitió que ella, como todas, fue tiránica y cruel, pero que «consumados los hechos», toda rebelión era un delito.

La Reforma del Perú debe ser incluida en la tradición de escritos de los «proyectistas». El historiador Céspedes del Castillo ha aseverado que los proyectistas eran burócratas, abogados, técnicos o funcionarios públicos que, desde inicios del siglo XVIII, se dedicaron a estudiar problemas específicos para utilidad del Estado en forma ordenada y racional. En sus ensayos mostraban fe en la posibilidad de mejorar algo específico, así como patriotismo y conocimiento sólido del tema, proporcionando análisis de datos precisos y denunciando males y errores, sin llegar nunca a la subversión y aceptando el orden constituido. La frondosa y variada producción de los proyectistas contribuyó a la configuración de las reformas borbónicas, que adquirieron particular intensidad en América en el último cuarto del sigloXVIII. En la Reforma del Perú, Carrió justificó la conquista y la dominación colonial, presentando a los gobiernos prehispánicos como tiránicos; pero a la vez propuso diversas innovaciones al sistema de gobierno del virreinato, especialmente para una mejor administración de la región serrana, las cuales incluyeron el establecimiento de intendentes en las provincias (medida que dispuso la corona dos años después), asistidos por 253 funcionarios. Carrió defendió el reparto de mercaderías, la venta compulsiva de los corregidores a los indígenas de su jurisdicción, legalizada a mediados del siglo XVIII. Nuestro personaje consideró que los repartos eran un incentivo para que el indígena se librara de la pereza y aumentara la producción del país. Debe recordarse que los repartos de mercaderías fueron abolidos por el visitador Areche en 1780 como un medio para disuadir a los indígenas que participaban en el movimiento rebelde de Tupac Amaru II; pero continuaron siendo impuestos ilegalmente por los subdelegados, funcionarios que reemplazaron a los corregidores en sus antiguas circunscripciones.

La propuesta política de Carrió incluyó la intensificación de la agricultura, así como un impuesto único para españoles e indios, como medio para unificar estos grupos sociales. Es interesante constatar en la actitud del autor con respecto a los curacas, pues propuso abolir sus títulos como tales, argumentando que los caciques siempre estaban detrás de las revueltas indígenas y los asesinatos de los corregidores. Con respecto a los mestizos, propuso un acercamiento entre ellos y los españoles «para que así unidos y en buena armonía podamos rechazar y aún subordinar al numeroso populacho de que estamos por necesidad rodeados».

Carrió de la Vandera falleció en Lima el 17 de enero de 1783 y dejó como heredera universal de sus bienes a su única hija. Sus restos fueron sepultados en la Iglesia de San Francisco en Lima.

Formato:  pdf, epub Comprimido:  rar Peso:  28.18 MB Lenguaje:  Español

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