11 ideas clave: El desarrollo de la competencia científica

Los profesores de ciencias siempre hemos sabido que buena parte de los conocimientos que intentamos que aprendan nuestros alumnos tendrán escasa utilidad para muchos de ellos, mientras que otros conocimientos, que podrían resultarles verdaderamente interesantes y útiles a todos, apenas disponemos de tiempo o condiciones para trabajarlos o, sencillamente, no forman parte del currículo. Siempre hemos sospechado que, incluso los estudiantes con mejores calificaciones, tendrían dificultades para utilizar esos saberes en unos contextos diferentes a aquellos en los que los adquirieron. Si nos quedaban algunas dudas al respecto, llegó la evaluación PISA y evidenció que nuestros alumnos no sólo tenían unos conocimientos muy limitados, sino que apenas sabían utilizar lo que suponíamos que habían aprendido.

Una parte sustancial de la extraordinaria capacidad formativa de las ciencias se nos escapa entre las costuras de un currículo inabarcable, que no discrimina entre aquello que es esencial y lo que no lo es, en el que la presencia de un contenido se justifica más por haber figurado tradicionalmente en los programas que por su interés científico o social o la utilidad que pueda tener para ayudar a los estudiantes a enfocar un problema, documentarse sobre él, ofrecer una opinión informada, etc. Otra parte de esa capacidad formativa de las ciencias se nos pierde en un trabajo de aula preocupado porque los estudiantes incorporen de manera rápida y acrítica las informaciones que les proporcionamos, pero que deja poco tiempo para la reflexión, el análisis, el debate, la indagación… y que, en consecuencia, apenas consigue interesarlos por la ciencia.

Sí, hace tiempo que los profesores de ciencias sabemos todo esto, como sabemos que los conocimientos que solemos promover en los estudiantes les sirven más para superar exámenes académicos que para afrontar con posibilidades de éxito las situaciones que les deparará la vida, su profesión o su contexto social. Lo que quizá no sabíamos, o no nos atrevíamos a reconocer, es que «los estudiantes perciben la educación científica como irrelevante y difícil» (Rocard y otros, 2007). Probablemente, entre todas las conclusiones a las que llega este interesante estudio sobre la enseñanza de las ciencias en Europa, no haya otra tan demoledora como ésta. Porque no es que los jóvenes europeos no valoren las aportaciones de la ciencia y la tecnología al conocimiento y al bienestar social, eso sí que lo valoran, y mucho, lo que consideran irrelevante para sus vidas o su futuro personal son las enseñanzas científicas escolares que han recibido.

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Teofilo dijo:24 Oct. 2020

Muchas gracias por compartir.

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